El mito del PBI

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PBI
Autor: Marco Antonio Plaza Vidaurre.
 
¿Por qué los hacedores de política económica, connotados académicos, reconocidos reporteros de diarios y programas televisivos, les encanta angustiarnos al mejor estilo de las profecías de Nostradamus: “el producto bruto interno, PBI, este año crecerá apenas 4.5% en vez de hacerlo al  5% como pronosticaron los expertos………….”
 
Pues todos vivimos atentos a las noticias sobre cómo le irá a la economía,  si creceremos más o menos que el año pasado, preguntándose si se logrará la meta planteada por el gobierno y si las predicciones de las instituciones  académicas se están cumpliendo. Por momentos reina el optimismo y luego caemos en el pesimismo cada vez que el PBI crece menos de lo que esperábamos. Algunos salen a dar opiniones pesimistas, diciendo que en los próximos años el PBI  crecerá apenas 4%, pero, ¿qué significa este número que puede cambiar realmente nuestro ánimo y el de todo una población incluyendo políticos y congresistas?¿Están exagerando o es la verdad?¿Puede la ciencia económica darnos la información sobre  cómo le irá a la economía en los próximos año con la exactitud de puntos decimales?¿Acaso no será que todo esto no es más que una arrogancia académica dizque científica?
 
Veamos un par de comentarios respecto a este indicador estrella y luego haremos un análisis sobre las limitaciones de éste desde un enfoque de la teoría del ciclo económico de la escuela  austriaca.
 
La revista Velaverde que últimamente está circulando en Lima, tiene una columna anónima[1] llamada “El Inquisidor” en donde el día lunes 18 de noviembre publicó un artículo denominado “El Manan Kanchu del PBI” realizando una crítica que vale la pena resaltar.
 
Inicia diciendo que el PBI no es un buen indicador del bienestar de la población, y que normalmente se utiliza para comparar gestiones presidenciales como es el caso del ex presidente del gobierno anterior en que se jacta que su gobierno fue mucho mejor que el actual por la sencilla razón de que la tasa de crecimiento del  PBI es mayor, lo cual hasta cierto punto de vista es risible por no decir, jocoso.
 
El anónimo sostiene que no debemos confiar mucho de este indicador debido a la gran informalidad que existe en nuestra sociedad sobre todo en los diferentes mercados de trabajo no calificado y en muchas empresas como es el conocido y documentado caso de la minería ilegal en el departamento de Madre de Dios, que dicho sea de paso tiene uno de los mejores sueldos a nivel nacional[2]. También señala la dificultad de medir el impacto que tiene en la producción el avance tecnológico de los equipos de comunicación y de qué manera las transacciones del narcotráfico y de los juegos ilegales generan empleo y por tanto renta.
 
Es obvio que si producimos más estaremos mejor pero el artículo considera que solamente concentrarse en el PBI es una manera muy simple de analizar los problemas socioeconómicos de fondo que adolece la economía peruana. En otras palabras, no podemos engancharnos a una sola variable que tiene mucho de estimación estadística.
 
Hugo Santa María, socio de Apoyo Consultoría,  publicó un interesante artículo el día lunes 2 de diciembre en el diario Gestión, donde explicó cómo nos afectaría crecer 5% en vez de hacerlo en 6% en los próximos cinco años. Planteó lo siguiente: se perderían 140,000 empleos formales, las familias tendrían menos ingresos por un valor de S/.160.00 disponibles  para gastar cada año, se dejaría de invertir $27 mil millones, no se venderían 3.5 millones de toneladas de cemento y 28 mil autos nuevos, 160 mil familias de zonas urbanas dejarían de ingresar a la clase media, el gobierno no recaudaría S/.24 mil millones y finalmente 320 mil personas seguirían siendo pobres.
 
Obviamente que estas cifras son preocupantes porque de ser cierto, cuánto habremos perdido en las décadas de los años ochenta y noventa. Mejor ni imaginarnos. Pero definitivamente que estas estimaciones confían demasiado en un indicador estadístico. Aquí se está asumiendo que la estructura de la producción y sus respectivas ganancias económicas se mantienen iguales en el tiempo. Y también, que el PBI afecta a todos por igual.
 
Considero que en la mente de los analistas económicos está muy arraigada la idea de que en base a un indicador podemos hacer predicciones y definir si la economía está yendo por buen camino. Y esto también va para los hacedores de política porque cada vez que el PBI crece menos de lo que ellos creen que es lo “ideal” comienzan a aplicar lo que se conoce como políticas contracíclicas que no es nada más que una estrategia keynesiana para estimular la demanda agregada. ¡Otra vez con los promedios!
 
Al respecto, los textos básicos de economía nos explican que el PBI es sólo una parte de la gran producción, debido a que éste  nos dice solamente cuál es el valor monetario de la producción de bienes y servicios “finales” dentro de nuestro territorio en un periodo determinado, refiriéndose aquellos bienes  que no sufrirán transformación alguna en el proceso productivo y que irán consumiéndose en el tiempo, algunos en un periodo muy breve y otros en años. El sustento de usar este tipo de indicador es para evitar la doble contabilidad.
 
Sin embargo se sacrifica información valiosa relacionada a todas las inversiones que se han efectuado en las distintas etapas de la producción total, desde los bienes de orden superior (insumos alejados del consumo) hasta bienes de primer orden (bienes que ya no son transformados y que llegan a manos del consumidor) siguiendo la terminología de quien fuera el iniciador de la escuela económica austriaca, Karl Menger.
 
A continuación veamos algunos conceptos de la metodología que utiliza el Instituto de Estadística e Informática del Perú, INEI para la estimación del PBI anual, publicado en su página web.
 
 a) “En el campo del análisis macroeconómico y de la comprensión de la realidad económica, se concibe al Producto Bruto Interno (PBI) como el indicador más completo e importante de la economía por su capacidad de sintetizar, representar y explicar el comportamiento de la economía.”
 
b) “Esta forma de expresión del PBI para la economía, muestra el Valor Bruto de Producción libre de duplicaciones ya que el valor agregado de cada unidad productiva excluye el valor de los insumos intermedios utilizados en el proceso de producción.”
 
El mensaje es claro, pues, el gasto empresarial que realizan todas las empresas para la adquisición de sus insumos para la producción, capital de trabajo, pago por el uso de bienes de capital, sueldos adelantados, es justamente inversión para producir bienes intermedios, deja de ser importante para dar paso a los bienes finales, que se considera,  como señala el primer párrafo, una medida completa de la actividad económica.
 
En adición, se sostiene, y es correcto, que el PBI es la suma de todos los valores agregados que se van formando en los procesos productivos. Éste  es la diferencia entre el valor del bien final y el valor de los insumos adquiridos para la producción e incluye el pago de salarios, sueldos y la rentabilidad económica del empresario. De ahí que es una renta neta porque excluye el gasto empresarial el mismo que es considerado por el  INEI como consumo interno. Esta institución estima el valor total de la producción, y luego le resta el consumo interno obteniendo el valor agregado total, que sumado los impuestos y los derechos de importación, arroja el PBI.
 
Veamos que nos dice Huerta de Soto[3] (2001) al respecto:
 
“.. El producto nacional bruto[4] incorpora el valor de las ventas de capital fijo o duradero, como los inmuebles, los vehículos industriales, la maquinaria, las herramientas, los ordenadores, etc., que se terminan y se venden a sus usuarios finales durante el ejercicio, siendo considerados, por tanto, como bienes finales. Pero no incluye, en forma alguna, el valor de los bienes de capital circulante, los productos intermedios no duraderos, ni los bienes de capital aún no terminados…….en suma…..el producto nacional bruto es una cifra agregada de valores añadidos que excluye la parte más importante de los bienes intermedios (pág.247)”
 
Asimismo Huerta de Soto nos dice que el  PBI debería cambiar de nombre y llamarse el producto neto interno dado que excluye el gasto en bienes intermedios reflejando la sumatoria de los valores agregados en toda la producción. Al ser el PBI un gran ingreso en la economía de todos los bienes y servicios finales producidos y vendidos,  y al excluir los ingresos que tienen las empresas en las etapas intermedias de producción, entonces, el PBI también podía llamarse el ingreso neto.
 
Sin lugar a dudas el indicador más completo de la actividad económica  es el valor bruto de la producción y es de mayor magnitud que el PBI y explica  toda la actividad económica incluyendo el gasto empresarial orientado a la inversión. Por ejemplo, si las estadísticas nos dicen que el consumo es aproximadamente el 60% del PBI y la inversión el 25%, entonces, podemos decir que el primero es más representativo que el segundo en la actividad económica  y que por tanto tiene mayor relevancia[5]. Sin embargo, teniendo en cuenta todas las etapas de la producción que consideran el gasto que hacen las empresas para adquirir el material necesario para la producción, entonces  la inversión total supera a la que se ve reflejada en el PBI.
 
Podemos plantear que si bien es cierto que el PBI es un indicador de la actividad económica, hay que reconocer que es bastante incompleto pudiéndonos dar una visión distorsionada y alejada de la realidad. Y lo más preocupante es que la política económica considera a esta variable como la más representativa de la producción. Sin embargo, más allá de que sea un indicador eficiente y estimado con mucho esfuerzo, profesionalismo y dedicación, desde una perspectiva de política económica puede crear una visión errada porque sencillamente los hacedores de política económica se concentran en el crecimiento del PBI y lo comparan con el PBI potencial y en base a este diferencial determinan si la economía está creciendo de una manera normal, acelerada o lenta, y deciden si aplican o no una política económica contracíclica[6]. Y justamente esta manera de ver las cosas hace que los políticos no enfoquen lo que hoy en día es uno de los problemas que más nos afectan como sociedad: la producción informal.
 
Los políticos, al estar concentrados de manera exagerada en el PBI y por tanto en bienes finales, sin darse cuenta, están dándole demasiada importancia y se encapsulan en el gasto en vez de dirigir su artillería pesada a las etapas intermedias dado que son éstas las que deciden si la sociedad podrá consumir más y si el gobierno podrá contar con mayores recursos en el futuro.
 
En otras palabras, en vez de darle importancia a los procesos productivos que permiten que el PBI crezca, y atacar el problema de fondo que es la economía informal y su bajísima productividad, (visión clásica  y de largo plazo de la economía) se fijan en cómo gastar más para que el PBI sea mayor (visión keynesiana y de corto plazo). Y es por esta visión estática cortoplacista de los procesos económicos y de la ciencia económica en general  que muchas personas e instituciones académicas le siguen dando importancia a si crecemos o no un punto porcentual.
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[1] Tengo mis sospechas de quién se trata, por la manera de escribir y por las palabras que utiliza, pero me mantendré callado, no vaya a ser verdad lo que pienso…….
[2] Según estadísticas del Ministerio de trabajo y promoción del empleo, en el año 2012 el ingreso laboral mensual promedio de la PEA ocupada en Madre de Dios fue S/.1,865, el mayor a nivel nacional, superando a Lima, S/.1,516, a Moquegua, S/.1,779 y al  Callao, S/.1,329.
 
[3] Huerta de Soto, Jesús, “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, quinta edición, Unión Editorial, Madrid, 2011,
[4] El autor hace referencia al Producto Nacional Bruto, PNB y no al PBI, y esto es muy común en muchos países. La diferencia entre los dos es la renta de factores. El Instituto Nacional de Estadística e Informática considera al PNB como el ingreso nacional.
[5] Este es el meollo de la teoría keynesiana que es fundamentalmente de corto plazo. De ahí que se plantea que el consumo es mejor que el ahorro para iniciar el despegue de una economía. Al respecto, existió un gran debate en el siglo 20 al respecto conocido como la paradoja del ahorro, siendo Hayek el que prácticamente demostró el error conceptual de ésta.
[6] La autoridad monetaria varía la tasa de interés y el gobierno, a través del ministerio de economía, modifica la velocidad del gasto público.